El
Ventolín significa remolino en asturiano es una brisa mágica, que se atribuye
tanto al amor como a la muerte.
Se supone
que porta el alma de un difunto que se escapa del cuerpo al exhalar el último
suspiro. También se consideraba un ser fantástico que cogía los suspiros y se
los llevaba a quien los provocaba. Se llevaba los suspiros de los amantes,
dormía a los bebes en sus cunas o esparcía el rocío del amanecer. Portan los
efluvios amorosos de uno a otro enamorado y enredan las madejas del amor con su
jovial soplido. También alivian con su brisa al caminante que se lo topa en un
recodo del camino en los días de canícula.
Su
homólogo en la mitología clásica griega sería el Céfiro, el dios del viento que
aclara los cielos, hijo de Eos (la Aurora) y Astreo (uno de los titanes que
luchó contra Júpiter). Según la leyenda, uno de los hijos de Eos murió en la
guerra de Troya y de sus lágrimas nació el rocío de la mañana. Para otros
autores era uno de los doce hijos de Eolo, encarnación de los doce vientos que
su padre guardaba en un odre de piel de buey.
En la Odisea, Eolo deja en libertad a Céfiro para que guíe a Ulises pero sus
compañeros abrieron el odre pensando que contenía vino y se desencadenó una
gran tempestad.
Los ventolines son como las auras latinas, un soplo ligero de brisa que lleva
la fama al cielo, el perfume de las flores y la inspiración a los poetas. |